lunes, 16 de junio de 2014

Despedida de soltera

Es peligroso, si tienes miedo. Si tienes miedo a encontrarte, si tienes miedo a perderte. Si tienes miedo a descubrir que no tienes respuestas seguras para nada, si tienes miedo a sentirte, por unos momentos (o quizás para siempre), solo. Si tienes miedo a llorar sin saber el por qué, si tienes miedo a sentirte vivo. Si tienes miedo a sentir... si tienes miedo a hablar contigo mismo.

Pero, a veces, nos gusta tener miedo. Entonces... vete, huye. No busques rumbo, simplemente, anda. Deja que tus piernas te guien, mientras tu cabeza baile solitaria. Mientras los sentimientos turben tus acciones. Mientras tus ojos se empapen de lágrimas que no encuentran el sentido de vivir. Mientras tu parte racional te diga que eso que haces es una locura, quizás una tontería.

Será entonces cuando los interrogantes se presentarán, y te harán dudar. No sabrás quién eres, no sabrás qué quieres, no sabrás, incluso, qué Despedida de soltera.

¿Cuando parar, cuando retroceder? En este juego no hay límites...tú pones las reglas. Por un momento, tú dominas tu vida y, es por eso, que tú decides cuando parar. Sólo debes recordar que no hay ningún ganador porque, de ser así, el ganador sería La Nada.

En tu regreso a la normalidad verás que de nada a servido jugar. Sin embargo, quizás esas lágrimas que han salido tímidamente de tus ojos, quizás esos pasos sin rumbo que has tomado te han hecho sentir poderoso y único. Único dentro de la diferencia, único dentro de ese mundo tan monótono y, a la vez, tan fuente.

lunes, 9 de junio de 2014

Remedios para Dientes amarillos

El número dos de la lista fue EDUARDO, Eduardo Manostijeras. Que yo creía que no existía… pero ya veo que sí. Y parece ser que yo soy la chica rubia de la peli, porque me perseguía. No, no, no me perseguía. Pero me hacía cosas muy raras cuando pasaba. Así que por favor Edu, si me estás viendo (ejem, leyendo), que sepas que por tu culpa voy a tener que ir al Dientes amarillos.

Y ya más lejos del namberguan se encuentra el chico Ami. Vamos a explicarnos: estamos todas hablando (todas son cuatro pero haré ver que es un grupo numeroso… que queda más de relaciones públicas). Ellas se revolucionan. Yo pregunto qué pasa. Ellas miran a un chico. Yo sigo preguntado qué pasa. El chico me mira porque le estoy mirando. Sigo preguntando qué pasa. Esto que el chico pone cara de asesineitor. Yo sigo preguntando qué pasa. Y el chico dice: ¿¿¿¿¿A MI?????. Yo sigo preguntado qué pasa, pero a esto le sumas que me giño viva por el tono del mashoman. De repente se va y la Laura le toca el culo. El chico se gira y me mira a mi. Pio pio que yo no he sido. Sigo preguntando qué pasa.

Seguiría comentando personajes, pero es que uno me nubla el pensamiento: el camarero. Que me de con las cajas que quiera, que yo le dejo. Es nuestro Dios y vamos a idolatrarle como se merece. Las chicas no podrán ni tocarlo, tiene que ser un ente universalmente divinizado y lo enmarcaremos. Así que, desde aquí, todos juntos vamos a rezarle: “Camarero nuestro que estás en la disco…” (eh, va en serio, rezad, rezad).
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