Y ya más lejos del namberguan se encuentra el chico Ami. Vamos a explicarnos: estamos todas hablando (todas son cuatro pero haré ver que es un grupo numeroso… que queda más de relaciones públicas). Ellas se revolucionan. Yo pregunto qué pasa. Ellas miran a un chico. Yo sigo preguntado qué pasa. El chico me mira porque le estoy mirando. Sigo preguntando qué pasa. Esto que el chico pone cara de asesineitor. Yo sigo preguntando qué pasa. Y el chico dice: ¿¿¿¿¿A MI?????. Yo sigo preguntado qué pasa, pero a esto le sumas que me giño viva por el tono del mashoman. De repente se va y la Laura le toca el culo. El chico se gira y me mira a mi. Pio pio que yo no he sido. Sigo preguntando qué pasa.
Seguiría comentando personajes, pero es que uno me nubla el pensamiento: el camarero. Que me de con las cajas que quiera, que yo le dejo. Es nuestro Dios y vamos a idolatrarle como se merece. Las chicas no podrán ni tocarlo, tiene que ser un ente universalmente divinizado y lo enmarcaremos. Así que, desde aquí, todos juntos vamos a rezarle: “Camarero nuestro que estás en la disco…” (eh, va en serio, rezad, rezad).
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